domingo, 9 de mayo de 2010

Lo que leía Mandela en prisión - Fragmento de un discurso de Roosevelt


No es el crítico el que cuenta; tampoco quien señala al hombre fuerte cuando vacila o al que, habiendo actuado, podría haberlo hecho mejor. El mérito pertenece al hombre que está en la arena; cuyo rostro está manchado de polvo, sudor y sangre; el que lucha con valentía; el que yerra, el que tropieza una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin errores ni fracasos.
El reconocimiento pertenece al que realmente persevera; al que sabe de grandes entusiasmos y grandes devociones; al que entrega su vida a una causa noble; al que al final del camino, en el mejor de los casos, conoce la satisfacción de los grandes logros y, en el peor, si fracasa, al menos fracasa habiendo aceptado los desafíos, de modo que su lugar nunca estará entre las almas indiferentes y temerosas que no conocen ni la victoria ni la derrota.

sábado, 8 de mayo de 2010

Diálogo sobre futuro y peronismo: Julio Bárbaro y Pablo Bruera

Ayer martes 4 de mayo se realizó la primera edición del ciclo Mesa de Diálogo, un espacio dedicado a intercambiar ideas y proyectos que contribuyan a definir el futuro político del país. La jornada contó con la participación de dos prestigiosos disertantes: Julio Bárbaro, referente histórico del peronismo nacional, y Pablo Bruera, intendente de La Plata y líder del Frente Renovador Peronista (FRP), corriente interna del peronismo bonaerense. Asistieron más de 200 personas, que superaron la capacidad del mítico restaurante porteño “El General”.
El díalogo fue orientado por preguntas realizadas desde el panel de periodistas invitados, integrado por Paulino Rodriguez (Radio Continental – Canal 26 – La Nación), Edgardo Antoniana (TN – Canal Metro), Hipólito "Pico" Sanzone (Diario El Día) y Pedro Romero (Agencia Nova). Al finalizar, se complementó con las inquietudes del público.
El inicio del debate giró en torno de la cuestión de la pobreza, a lo que Pablo Bruera dijo: “Hoy se puede ser un trabajador o un profesional y ser pobre. Ni hablar de la cantidad de marginación que tenemos. Es un problema a resolver por el peronismo, es el único partido político nacional que puede plantear esta situación.” En tanto, Julio Bárbaro reflexionó sobre la ramificación del peronismo al comentar que “hicimos el partido de Menem, de Duhalde, y de Kirchner. Pero no hicimos el partido de los peronistas. Esa es la deuda que tenemos con Perón”.
En el plano electoral provincial, el intendente de La Plata destacó la importancia de ganar, pero que "más importante que ganar, es saber qué es lo que se va a hacer". “En la provincia de Buenos Aires no paramos de ganar elecciones y eso no le ha resuelto los problemas a los bonaerenses. El triunfo mágico del “síganme” nos llevó a la peor catástrofe de la argentina en el punto de vista político. Y ante eso nos vamos a revelar”, sintetizó.
Sobre el futuro -uno de los temas centrales de la Mesa de Diálogo- ambos disertantes analizaron el rol de los jóvenes y su participación en la política: “Si le devolvemos al peronismo el pensamiento, el debate y la inteligencia, los jóvenes van volver sin necesidad de ir a buscarlos. Si queremos que se acerquen, hagamos algo de lo que nos sintamos orgullosos”, resumió Bárbaro. Se destacó el valor que tiene en la actualidad la tecnología y la comunicación en el ámbito de la nueva generación: “Nosotros tenemos que terminar de ser analfabetos tecnológicos, los pibes no lo son. Va a sacar mucha ventaja el político que se pueda comunicar y que pueda interpretar los intereses de los jóvenes”, sostuvo el máximo representante del FRP, quien además incentivó a fomentar la comunicación por Internet, haciendo ésta las veces de "unidad básica del futuro".
Ya en el tramo final de la primera edición de Mesa de Diálogo 2010, y con un sinfín de pensamientos expuestos, Pablo Bruera dejó en claro que la organización es la clave y que esa idea debe estar por sobre los personalismos. Mientras que Julio Bárbaro alertó que “si la obediencia es mayor que la rebeldía, se acabó el peronismo”, en un gesto de lección a tener en cuenta para los hombres que llevarán la bandera de la renovación.

Atentamente,
Ateneo Mesa de Dialogo
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sábado, 1 de mayo de 2010

Ley de Radiodifusión

Es mas maduro simular afecto que amenazar con un revolver sin balas.
La idea de cambiar la ley es fruto del pensamiento de la izquierda, es ella la que imagina a la realidad modificable por las normas, y la que intenta superar la debilidad con la agresión.
Es un sector enamorado de la confrontación y la derrota, no suele ser la mejor compañía.
Los peronistas pensamos distinto, conocemos la dialéctica entre los intereses de los poderosos y las necesidades de los humildes, y en lugar de envidiar o competir con el poder de los ricos intentamos ponerle límites y ayudar a los necesitados.

Hablar de una nueva ley cuando la mayoría parlamentaria es discutible implica declarar que  duelen los golpes recibidos, y que se extraña el poder perdido.
Es un sueño de fortalezas pasadas que solo remite a debilidades presentes.
Impulsan la ley algunos sectores intelectuales sumados a otros dueños de medios ilegales, dos miradas tan respetables como secundarias de hecho.
Nos hablan de un tope al número de licencias, un pensamiento medieval anterior al invento de la anónima y el testaferro.
Hay una ley de bienes culturales que pone un límite al capital extranjero y un convenio con los EEUU que nos entrega de pies y manos, resolver esto es anterior a toda ley.
En radios tenemos una distribución de frecuencias amplia, donde si hay concentración es en la audiencia, y eso es tan poco modificable como los resultados electorales.
El gobierno otorgo diez años de prorroga a todas las licencias de radio y televisión, en un gesto de libertad de prensa que lo honra y que debe reafirmar y no arrepentirse.
Es absurdo considerar el derecho de los que carecen de licencia y solo ensucian el espectro, como posibles permisionarios. En medio de bailantas y pastores algunas vocaciones de periodistas honestos no son excusa para sostener semejante caos comunicacional.
En toda sociedad normal una radio ilegal implica un delito, decidamos que es lo conforme a derecho y actuemos en consecuencia, toda dilación sobre ese tema implica una flagrante injusticia tanto para los que estando en regla son agredidos como para los que estando en falta son engañados con promesas de imposible cumplimiento.
Nuestro conflicto real esta en la televisión, espacio donde lo pago tiene un desarrollo de los mayores del mundo y la pobreza de lo gratuito deja al treinta por ciento de la población al margen de este beneficio de la modernidad.
El canal siete es una antigüedad de la televisión de aire, cuando había solo cuatro canales y el del estado tenia repetidoras donde el privado no era rentable.
Hoy con un setenta por ciento de la población con servicio pago superior a las setenta señales que el estado mantenga un enorme aparato para una sola señal es mas una manera de enrostrar la injusticia que una solución a la misma.
A más de cien kilómetros de esta capital el que no tiene servicio pago no tiene garantía de recibir más que alguna señal de aire de muy mala resolución.
Y luego, dentro de los servicios de cable se debe facilitar la participación de todas las señales que se generen y tengan posibilidades técnicas, tratando de que no sea solo el distribuidor de las mismas el que decida los contenidos que transporta.
La libertad de prensa es un lugar equidistante tanto del poder del estado como de las desmesuras de los privados.
En esencia evitar el monopolio es la función del estado, y lograr que todos los sectores se sientan reflejados y expresados en los medios es la definición de pluralismo.
Y aquí es donde aparece el debate sobre el espacio de los medios y la publicidad de los gobiernos y los privados.

Libertad y Publicidad

Sería bueno exigir que  los medios públicos tuvieran prohibida la publicidad privada.
De hecho la misma impone un espacio de sospecha en la transparencia de precios y en nada altera los gastos de mantenimiento.
Otro tema distinto es la publicidad del estado, donde si algún juez liberal considera que les toca a todos por igual es tan solo porque desprecia la democracia.
En nuestra realidad el estado tiene adeptos y enemigos.
Con Menem y Cavallo nos vendieron hasta lo que no teníamos, esas empresas son las que financian a los opositores al estado, que al menos este pueda sostener a los otros, a aquellos que por defenderlo no reciben publicidad privada.
Tampoco sirven las radios en manos de las intendencias, en su mayoría terminan convertidas en burocracias sin audiencia.
Y más irracional aun, que por tener la sospecha que quien adquiera un medio es amigo del gobierno intentemos alterar las leyes que rigen las relaciones contractuales.
En medio del estado y lo privado se encuentra el único sospechoso de inocencia, el ciudadano, al que tan sólo el empate técnico entre las dos ambiciones lo puede convertir en sujeto libre de optar.
Si el estado se impone convierte a la sociedad en clientela electoral, cuando el privado no tiene límites la trasforma en habitante de una góndola de supermercado.
Ninguna exageración es mas inocente que la otra, todo poder exagerado se construye a costa de la libertad de los ciudadanos.
Algunos periodistas se enriquecieron apoyando las privatizaciones, otros adulando a las privatizadas, cuando las opiniones defienden intereses las libertades se asemejan a las esclavitudes.
Donde las sociedades están fracturadas y en conflicto, cada sector en pugna genera su propia prensa, donde existe un proyecto común se necesitan normas que organicen la convivencia.
Y proteger los localismos, tanto en radio como en televisión cada comunidad debe tener derecho a su propia creación y no a la sola invasión de la metrópolis.

Conclusión
Tenemos radio y televisión en distintas manos y sin riesgos de monopolio. Además un convenio con los EEUU que debemos denunciar para que Radio Continental y Canal 9 no dependan de grupos extranjeros solo con la argucia de simular sociedades estadounidenses.
Y demasiados humildes sin nada que además le negamos la  televisión como entretenimiento y también como elemento de integración social.
Toda cultura necesita generar su propia imagen televisiva para no correr el riesgo de desaparecer como tal. En eso debemos agradecer que somos quizás el país del continente que mas señales produce y exporta buena parte de sus contenidos a otras naciones.
Debemos autorizar y auspiciar canales locales de alcance limitado para que toda comunidad que lo desee pueda tener su propia imagen.
Y todas estas necesidades exigen tan sólo del acuerdo entre el estado y la industria privada, camino que se debe recorrer con todas las dificultades que implique, y nos dejará constancia de cuales son los puntos centrales de la ley que necesitamos.
Hace falta un debate y un intento de acuerdo, luego vendrá la ley, que será tan importante y duradera como la cantidad de voluntades que se encuentren en su forjado.
Para otro tipo de enfrentamientos con la que tenemos nos sobra.

Aportes

 La noción recurrente de lo que pudimos ser y no logramos, de cómo hicieron otros para ser lo que envidiamos y de cual fue el momento en que leímos mal la receta y arruinamos el prestigio del restaurante, es tan remanida como falsa y absurda.
Si luego agregamos para sumirnos en la depresión, que somos los propietarios de todas las virtudes que decoran al vivo y de los peores y atroces defectos que definen a un pueblo, las consecuencias son previsibles.
Cumplida esta serie de absurdos presupuestos toda vida individual o colectiva suele convertirse en atormentada, y esta obligada a pasar por el diván de la ciencia.
Por momentos algunos aficionados a la historia intentan analizar nuestra sociedad sin tener en cuenta su raíz cultural.
Un segundo elemento que suelen dejar en el olvido es la ubicación continental.
Y el tercero y más dañino para nuestra esforzada búsqueda es remembrar destinos de grandeza que en realidad nunca estuvieron a nuestro alcance.
Como sociedad somos tan solo un conjunto de culturas migratorias que recién ahora están en condiciones de gestar su propia síntesis.
Cada cultura enfrento sus propias contradicciones para instalarse en la modernidad, todas debieron adaptarse y lograr una ecuación particular entre su identidad y la participación en el todo.
Y ese proceso era válido para aquellos que hubieran resuelto sus contradicciones internas, para pasarlo a términos individuales, que hubieran logrado su propia madurez.  
Las naciones como los individuos necesitan del tiempo para lograr su equilibrio, y nada indica que siempre lo logren.
La imitación o la burda copia no tienen ejemplos de logros significativos, por el contrario suelen forjar enormes frustraciones.
Japón pareció en su momento la mejor síntesis entre una cultura milenaria y el desafío productivo.
Los EEUU son sin duda la expansión de la cultura Inglesa dominante, con la incorporación de un conjunto de corrientes migratorias que hacen su aporte pero se amoldan al patrón mayoritario. Australia sigue sin duda el mismo modelo. Hasta el pueblo judío con su historia milenaria sufrió contradicciones graves al integrar distintas concepciones de vida.
En la Argentina el choque de razas es tan fuerte y disímil que la búsqueda de una identidad se convierte en el problema central.  Imaginar logros comunes con concepciones distintas es tan absurdo como trasladar a la política elementos que pertenecen a la cultura.
No solemos referirnos a las corrientes migratorias y su peso en nuestra realidad,  pero ese olvido no hace menos complejo el problema acuciante de la búsqueda de una síntesis.
Podrían ser cuatro las corrientes migratorias que mayor presencia imponen en la búsqueda de un crisol de patrones definitivo. 
Los criollos,  hijos de la fusión entre indígenas y españoles definen con fuerza las pautas del ser nacional.
En el siglo pasado, los italianos, españoles y judíos por su peso poblacional marcan su impronta en las distintas áreas donde se instalan.
Ingresan más de dos millones de inmigrantes italianos,  cerca de un millón ochocientos mil españoles, y unos quinientos mil judíos.  El dato de que en esta corriente sea mayoritariamente masculina, lleva a que en la primera mitad del siglo de cada cuatro argentinos entre veinte y treinta años, tres sean extranjeros.
La lengua, las costumbres, la cocina, se invaden y híbridan a cada paso. 
Todavía quedan centenares de casas comunitarias que ni siquiera expresan naciones, sino pueblos o provincias de las cuales vinieron miles y quisieron mantener sus costumbres.
La distancia entre los vascos y los gallegos,  o más significativa hace unos años, entre republicanos y monárquicos, dividía la Avenida de Mayo. Los anarquistas italianos, los judíos socialistas, los croatas católicos, la sangre, la ideología y la religión como aporte de riqueza y conflicto.
Tierra prometida y frustración con el fracaso. Debates de si somos Europa o América latina, sin aceptar que todavía estamos siendo, encontrando recién el lugar de parte que acepta el todo.Nos comparamos con la simpleza de no recordar nuestra situación.
Tamaña mezcla de sangres y culturas hace que nos demoremos en la definición de una forma de ser definitiva, que la política camine marcada por formas de ver el mundo y la vida que tienen más componentes culturales que de ideas.
Nos cuesta demasiado entendernos porque partimos de patrones distintos. La razón y la emoción son nutrientes que cada pueblo integra a su propia manera.
No somos ni mejores ni peores que el resto, tan solo intentamos encontrar nuestra particular y original manera de ser.
Finalmente todas las sangres se mezclan, las pasiones disuelven las culturas, pero lo nuevo tarda demasiado en aparecer.
Me críe en un barrio donde el origen migratorio tenía más vigencia que la profesión. 
Hubo racismo de los viejos habitantes, pero fue parejo para todos. Ser Gallego, italiano, ruso,  o Cabecita Negra marcaba una diferencia, y también una forma de marginar.
Algunos se integraron hasta el orgullo, otros no lograron salir del dolor del exilio y solo sueñan con emigrar.
Muchos admiran el lugar del imperio, y hasta algunos imaginan que sus logros son indiferentes a su papel de tal.  Absurda visión donde lo secundario se quiere convertir en principal.
Los países nórdicos ostentan logros sociales y económicos que en nuestras elites no gozan de buena prensa, serían más imitables pero demasiado socialistas para intentar copiarlos.
Europa avanza hacia una convivencia de veinticinco países,  que fácil nos sería todo si estuviéramos  ubicados cerca de su órbita.
Hace apenas décadas, teniendo mucha más historia que nosotros se enfrentaron en guerras que expulsaron a buena parte de nuestros antepasados.
La vida de los pueblos no es tan solo una competencia hacia el éxito económico, nuestros destinos van mucho más lejos que eso.
No existen recetas mágicas para ingresar a un lugar de equilibrio, solo entender que si logramos compartir la mirada sobre el presente podremos imaginar un futuro posible.
Como pueblo recién estamos saliendo de la pubertad. 
Cuando los primeros inmigrantes se enamoraron de nuestra ciudad gestaron un prototipo que dio origen a la palabra “cocoliche”. 
Si alguno imagina que copiando a otros seremos nosotros nos esta arriesgando al mismo resultado.
Luego los hijos de esos inmigrantes fueron tan nuestros que gestaron al tango.
Habiendo más hombres que mujeres no importaba la raza para sufrir un abandono.  Y el tango no llora, describe en verso y danza la dificultad de una etapa.
Hasta en la frustración y el exilio todas las sangres se comportaron en forma parecida, y muchos nietos decidieron volver al hogar perdido de sus mayores.
Cuando mis abuelos huyeron del sur de Italia, pensaban que Europa estaba terminada, pero recién nacía.
Cuando los nietos eligen el exilio puede ser el momento en que logremos una síntesis en el ser nacional que hace mucho soñamos.
Y en ese crisol de razas se está gestando el nuevo ser nacional.
Y algunos resentidos a quienes la economía les impide entender las naciones, pensaron que la indefensión era el desnudo necesario para ingresar a la globalización y la modernidad.
Solo cuando logremos compartir un proyecto común que integre a todos nuestros hermanos estaremos maduros para participar del todo, para integrarnos al  desafío universal.
Y a esa madurez es la primera vez que estamos arribando.
Nos sobra crítica y queja, solo nos falta acompañar con el esfuerzo.
Parece poco pero resulta demasiado, y solo nos queda intentarlo.


Debate

Es la hora de hacer autocrítica. Es tiempo de revisar los errores del pasado. Isabel Perón y quienes la rodeaban fueron el resultado del desprecio que una generación sintió por la democracia, mientras se optaba por la violencia política.
Olvidar el pasado puede ser tan negativo como regodearse morbosamente en él, en sus carencias. Si la obediencia debida y el punto final eran tan sólo muestras de debilidad frente a una justicia necesaria,con la última etapa democrática la situación es diametralmente distinta.
No fueron razones de influencia política ni exigencia de poderosos las que cerraron el juicio a la agonía de la democracia, sino que el golpe del 76 y su violencia explicaban demasiado del final de Isabel. Difícil de entender desde el hoy, en esos años los cultores del fratricidio nos trataban con desprecio a los que le poníamos fe a la democracia.
Nunca apoyé la teoría de los dos demonios, pero la adhesión a la violencia como única salida resultaba más fuerte que la posición ideológica de sus adeptos. Si el asesinato de Aramburu marcó el ingreso de sus gestores al mundo de afectos del peronismo, fue el asesinato de Rucci el que signó el fin de ese idilio.
Fuimos electos el 11 de marzo del 73, y hasta el 25 de mayo en que asumimos el gobierno pasé semanas en Trelew ayudando y debatiendo con los detenidos más importantes de la etapa. Allí ya quedaba claro lo complejo que era incorporar a esos militantes, acostumbrados a la clandestinidad, al desafío de la democracia. Por un lado, consideraban imposible que el gobierno los dejara libres; por otro, sentían que ese camino no servía para nada.
Acompañé dos vuelos charteados el 25 para trasladarlos a Buenos Aires. Pocas voces me quedarían tan marcadas como aquella de la azafata anunciando por el parlante: "Austral Líneas Aéreas saluda a los compañeros liberados y les augura el mejor de los éxitos para la vida que hoy inician". Alegría desbordada de hombres duros que liberaban sonrisas para reprimir las lágrimas.
Después, lo cotidiano; discusiones sin final sobre democracia y violencia, los límites de la realidad y el sentido de palabras sublimes como revolución, militancia, heroísmo, entrega, madurez, eterno juego entre las utopías y su concreción. Así volvieron las acciones violentas y fue necesario que el Parlamento actuara en consecuencia.
Reprimir por ley lleva a la confrontación: un grupo de diputados visitó al General, fue un debate televisado con varias renuncias a las bancas. Los voceros de una democracia por consolidar confrontando ahora con los otros, ayer tan sólo ambos enfrentando juntos a la dictadura.
Días preñados de conflictos, cada año merecía la memoria de una década. Los violentos sentían que la democracia los limitaba, intentaban retornar al espacio donde se sentían seguros. A los pocos días, el ERP ya reivindicaba su accionar militar. La democracia que festejó su llegada liberando a los militantes comenzó a discutir con ellos sobre el tiempo y la sangre, la solidez y limitaciones del reformista frente a los riesgos y la seducción de las armas.
Para la naciente democracia la violencia era un enemigo que la debilitaba en su esencia, que la igualaba en miedos a la dictadura que habíamos logrado derrocar juntos. Si la renuncia de los diputados fue un punto de inflexión, el asesinato de Rucci será el final de una muerte anunciada; luego vendrá la expulsión de los imberbes de la Plaza y finalmente la muerte de Perón.
Desde las exequias del General al golpe, sólo la agonía del sistema define objetivos y voluntades. Escritos y orales, los debates son el nervio de nuestras vidas. Eran muchos los que apostaban a "agudizar la contradicción", los que imaginaban a la democracia como un obstáculo para una confrontación entre el pueblo y las Fuerzas Armadas, para una marcha final hacia el poder.
Cuesta ubicarse en aquella coyuntura: la violencia asomaba como el Jordán purificador. No aceptarla implicaba todos los vicios probables: reformismo, cobardía, tibieza, debilidad. Imponer, entonces, la razón sobre el heroísmo y la pasión implicaba enfrentar el espíritu de la época.
Hoy, entender que los errores eran nuestros y asumirlos es una obligación. No hacerlo es una irresponsabilidad frente a las nuevas generaciones que necesitan convertir nuestras limitaciones en sabiduría. Isabel y sus secuaces son el resultado del desprecio que nuestra generación sintió por la democracia.
Perón había optado por los jóvenes, que eran lo mejor de su entorno; la renuncia de ellos lo dejó en manos de lo peor. La guerrilla obtuvo justificación en la dictadura primero, en el encuentro con el peronismo después. La infantil idea de "vanguardia esclarecida", de que la sangre acortaba los tiempos, la voluntad extrema del guerrero dominando las necesidades de la política... todas ellas son las causas de la derrota. Renuncian a la democracia para apostar a las armas, Perón fue el último que al integrarlos les ofrece una salida posible, son sólo ellos los responsables de lo peor que les sucedió.
Etapa intensa que merece el análisis frío de los actores que todavía podemos aportar algo a esa compleja mezcla de heroísmo y miseria. Demasiado compleja para que meramente algún juez quiera limpiar su imagen a su costa, demasiado pesada en nuestras vidas como para dejarla librada a la búsqueda fácil de chivos expiatorios.
No es que Perón necesite nuestra defensa; somos nosotros, es el futuro el que exige nuestra autocrítica. ¿O no llegó la hora?

Herminio

No fue uno más. Transitó la vida por el sendero de los sin escuela, y se doctoró de bruto, y no en Harvad  sino en el Harlen de Avellaneda: ningún otro negro aparte del nombre del frigorífico “La Negra”, ningún otro puente fuera del que les levantaron para que no pasaran. Pero ese 17 llegaron igual.
Con el diploma “Honoris Causa” de la calle, le habían enseñado poco y nada, pero le bastó para imponerse a muchos, a demasiados.
De Avellaneda, acá nomás pero muy lejos, el centro se hacía suburbio, las reglas eran las del vencedor. Duro y al frente, todo a pulmón.
Sin el prestigio de los doctores ni la gracia gratuita de los herederos, o sos peón y te humillan o sos tan malo que te temen. Eso sí, siempre te agreden.
Y de tanto poner el pecho nunca necesitó guardaespaldas
Los malos con abogados son empresarios y abundan, los que vienen de abajo son muchos pero llegan pocos y meten miedo. Son el terror del barrio norte, no hay gorda que al verlos no intente exorcizarlos con un discurso sobre la ética.
Hablan lunfardo sin importarles que el inglés esté de moda, brutos pero a toda honra, con las leyes de calle.
Me acuerdo la discusión con Luder: éramos pocos, Herminio se puso duro, Luder se vio obligado a expresar que el Jefe era él. Faltaban meses para la elección. Herminio pidió perdón como un caballero, con humildad y franqueza le respondió que él era peronista y sabía pelear por una causa, y que aceptaba su jefatura. Se hizo silencio; Luder tardó en asimilar el gesto de ese hombre temido que se ponía a su servicio.
Nunca obsecuente, tampoco rebelde por deporte (los de abajo no tienen tiempo para eso).
No le importaba ocupar el lugar que la vida le había asignado, pero a ese espacio lo había honrado con las más insobornables reglas para salvar la dignidad.
No está mal que los doctores reciban halagos tras halagos: lo trágico es que no se pueda triunfar desde otro lugar. 
A los que la vida no les dio ni escuela parece que sólo les corresponde la obediencia infinita. Mientras que en los educados todas las sublevaciones “visten”, a los humildes no hay rebeldía que les quepa.
Herminio hablaba mal pero pensaba mejor que tantos profesores, académicos y pusilánimes sin cabeza ni corazón. 
Podía escapársele un “sinmigo” pero fue un digno intendente que no dejó escapar el patrimonio del estado y que siempre defendió lo nacional.
Era duro como los de la mafia, su familia era el peronismo y sus virtudes y sus vicios tan públicos como su rostro marcado por la vida.
Cuando algún empachado con sopa de letras nos recuerda que preferíamos la alpargata al libro, se refiere a los Herminio, que como la vida no les dio escuela transcurrieron la calle usando la alpargata para leer las paginas de los adoquines. 
Cuando la dictadura perseguía, Herminio se refugiaba en su dignidad: impulsó y firmó el documento de los derechos Humanos que nos honró. Y cuando había que llevarlo nos dijo sin dudar, “Dejen que voy yo, si los ven a ustedes los pueden matar”.
Y la suerte le jugó una mala pasada: quemó el cajón en una elección que casi no tenía encuestadores, Luder no podía ganar pero el cajón fue una excusa omnipotente: lo convertimos en chivo expiatorio de nuestra mediocridad.
En el 83 no opinábamos ni sobre democracia ni sobre economía, nos creíamos tan invencibles como Perón y éramos tan despreciables como el gobierno que lo sucedió.
Uno sabe que hay cultos de derecha y de izquierda, habladores brillantes y escritores preclaros, que la educación da solvencia pero no razones, pero con los otros nadie da justicia ni explicación.
Cuando el pobre es anónimo y vencido es idealizado por todo espíritu justiciero.
Herminio es el otro: el que surgió de abajo pero no se achicó. El que le sacó el jugo a la vida cuando exigía, pero también cuando apostaba.
Es el pobre que no espera que los hijos de los ricos le hagan la revolución. Pretende hacerla a partir de él mismo.
Y el partido mayor de nuestras tierras, el de los cultos visionarios y preclaros, lo atacó con todas sus alas, derechas, centros y otras.
Cuando entendamos a los Herminios estaremos perteneciendo al sustrato de la patria sublevada, como diría el maestro Scalabrini.
Che Herminio, hubo un cajón que no quemaste: el tuyo.